¿Cuánto de optimista eres? ¿Cuántos riesgos asumes?

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El optimismo ayuda a disminuir el estrés y la ansiedad, pero a veces es poco realista, y hace que nos comportemos de manera imprudente. 

El ser humano necesita creer que puede, y esto le mantiene en un estado de bienestar, se siente mejor, y espera más del futuro, por lo que tiene más posibilidades de alcanzar el objetivo.

Por eso, cuando nos invitan a auto-evaluarnos, en comparación con otros, solemos evaluarnos por encima, o imaginaros que os acabáis de casar y os preguntan ¿Qué probabilidad hay de que te divorcies? seguramente digamos que ninguna.  Sin embargo, en España se divorcian un 61% de las parejas.

Solemos pensar que las cosas negativas les suceden a otros, y no nosotros.

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La clave es el conocimiento de los hechos para evitar los peligros del optimismo, pero a la vez, mantener la predisposición al optimismo aprovechándonos de sus beneficios, y capacitándonos para alcanzar el éxito.

 

En definitiva, buscar el equilibrio.

Imaginaros que estamos ante un muro alto, el pesimista creerá que no puede pasarlo y se ira, renunciará hacerlo, pensará que no es posible. Para poderlo hacer necesitamos imaginar que podemos, y creer que es posible. El positivo exagerado (imprudente) correrá, y encontrará un final que seguramente no esperaba, y el optimista querrá pasar porque es su objetivo, creerá que puede, pero  buscará recursos para protegerse de las dificultades (una escalera), alternativas (un hueco), o pedirá ayuda…

¡El optimismo nos ayuda!