Parece contradictorio, calma y presión, de hecho, ante la presión nos ocurren cosas como tartamudear o temblar antes de una reunión o fallar un penalti decisivo. Competencias y habilidades que tenemos adquiridas y que en un instante parece que se esfuman.

En una investigación se solicitó a los sujetos realizar una tarea que requería destreza motora y de coordinación, mientras se les escaneaba el cerebro. Además, si realizaban correctamente la actividad se les recompensaba monetariamente.

Pero aplicaron una estrategia simple que redujo la presión, revaluando la situación, lo produjo cambios tanto fisiológicamente como en la actividad neuronal, además disminuyo la respuesta exagerada de la conductancia de la piel

¿Qué hicieron? Un cambio de la respuesta emocional, reinterpretando el estímulo (incentivo económico)

En una primera roda, cuando aparecía la palabra Perdida, a los sujetos se les instruyó para que imaginarán que el premio era suyo, que se imaginaran la cantidad en su bolsillo. Y que si no tenían éxito, se lo tendrían que dar al experimentador, evocando a imaginar cómo se sentirían al perder este dinero.

Y en una segunda ronda, cuando aparecía la palabra ganancia, a los sujetos se les instruyó para imaginar que comenzaban, sin dinero, en el bolsillo. El dinero era una oportunidad de ganar. Cuando terminarán el experimentador le daría el dinero, pero si terminaba la ronda sin éxito, se quedarían como comenzó, sin nada, evocando a imaginar como se sentirían ganando el dinero.

La conclusión es que en la primera ronda se consiguió que fallaran menos, esto también se reflejó en la actividad cerebral, en concreto en el estriado ventral, además de la conductancia de la piel que mostraban menos estrés ante el fallo.

Es decir, reevaluar la ganancia como una perdida potencial fue la clave para que fallaran menos.

¿revelador?

Neurociencia social cognitiva y afectiva , Volumen 14, Número 1, enero de 2019, páginas 13–22